Hoy os compartimos este artículo de España Fascinante sobre la ermita de Santa María de Eulate. Esta impactante construcción de leyenda esta a 15 minutos de nuestra casa.

Un pequeño templo navarro ha atraído durante siglos una atención mucho mayor que su tamaño. Santa María de Eunate es un lugar atado en buena medida a su misterio. Apenas a dos kilómetros de la unión del Camino de Santiago Francés por Roncesvalles y el Aragonés, despide a los peregrinos de este último antes de la confluencia con el primero. Geográficamente está casi en el centro justo de Navarra. Su planta, muy similar a la de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, la ha atado de forma fantasiosa a los caballeros templarios. El folclore le ha asignado una posición de convergencia mágica que tapa en ocasiones la gran obra de arte que es.

Ermita de Santa María de Eunate

Vista trasera de la ermita.

Una ermita y cementerio para el Camino de Santiago

Aunque los escasos documentos referidos a su origen hacen harto complicado establecer la función más antigua de la ermita, los trabajos arqueológicos apuntan a que estuvo ligada al Camino de Santiago desde el principio. Se han descubierto tumbas en las que había conchas. Esto hace suponer que sirvió como cementerio para peregrinos que, en su ida o vuelta, fallecieron en el lugar. Esta conexión se ve reforzada por el aislamiento del que hace gala. Se ubica en un paraje a medio camino de Enériz y Obanos.

Otra posibilidad muy plausible es que sirviera como «faro jacobeo». Así, su torre habría alojado una linterna para permitir tener referencias durante la noche a los caminantes. Algunos restos hallados en la misma apoyan esta versión. Por otro lado, está la alternativa de que fuera un enclave templario. Descartada por falta de pruebas, las mencionadas semejanzas con el Santo Sepulcro hacen que sí pudiera ser alojamiento de caballeros de San Juan. Los Hospitalarios fueron, valga la redundancia, populares hospitaleros en la Edad Media. Claro ejemplo es Portomarín. De esta forma, las teorías sanjuanista y de centro de atención jacobeo no son autoexcluyentes.

Ábside y galería de Santa María de Eunate

Ábside y galería de Santa María de Eunate. | Shutterstock

Lo que es seguro es que desde el medievo es sede de la cofradía de Nuestra Señora de Eunate. Con altibajos, que la llevaron a desaparecer en el siglo XIX, hoy posee unos 700 miembros. Ligada a la misma está otra historia de origen, en este caso protagonizada por una dama o reina indeterminada. Ella habría hecho levantar el templo y hacerse enterrar bajo él. La continuidad de la referencia a esta mujer, según explica la propia cofradía, hace plausible que fuera real y participara con donaciones en su construcción.


San Xoán de Portomarín, la iglesia-fortaleza que se trasladó piedra a piedra | España Fascinante

La iglesia de San Xoán de Portomarín, también llamada de San Nicolás y ejemplo de románico en el Camino de Santiago, se salvó de acabar bajo las aguas.


Parte del tramo final del Camino Aragonés, es el último monumento exclusivo que posee dicha ruta antes de confluir con el Francés navarro. Asimismo, supone una de sus obras de arte más conocidas y destacadas. Algo que la sitúa normalmente junto a la catedral de Jaca o la estación de Canfranc. La conjunción peregrina se produce, sin embargo, un poco más adelante, en Obanos. Otros dos kilómetros más lejos aguarda Puente La Reina, parada clásica de la ruta a Santiago de Compostela. De hecho, este lugar con su puente medieval suele considerarse el nexo de ambos trayectos de forma equivocada.

Vista aérea de Santa María de Eunate

Vista aérea de Santa María de Eunate.

El pequeño tesoro del centro de Navarra

Pese a la atención que le han valido las antes mencionadas leyendas templarias, el valor de Santa María de Eunate más que folclórico es artístico. Su planta es octogonal, algo extraño pero que puede verse en otros lugares como Torres del Río. Prescindiendo de la forma de cruz habitual, griega o latina, centra el espacio de forma radial. Refuerza el efecto la galería con 33 arcos que la rodea, que emula a en paralelo el octógono del templo. De ahí viene su nombre, «cien puertas» en euskera. A su vez, un muro externo supone un tercer cerco junto al espacio porticado y los lienzos de la ermita.